Adiós, hermana querida

Adiós, hermana mía, aunque te vas,
tu recuerdo quedará en mis días.
En cada rincón de mi alma,
tu risa sigue viva,
y en cada lágrima,
tu amor nunca se olvida.

El tiempo no borra lo vivido,
ni el viento puede llevarse tu esencia,
pues en mi corazón, siempre estarás,
como un faro, guiando mi existencia.

Aunque el silencio se haga eterno,
y el vacío ocupe mi ser,
sé que de alguna forma estarás
en la paz que has encontrado,
en cada susurro del viento,
en cada estrella que brille por la noche.

Adiós, hermana, aunque lejos estés,
tu espíritu siempre me acompañará,
porque en cada rincón de mi ser,
tu amor y tu luz nunca se irán.

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